¿POR QUÉ "AUDAZ Y TANGUISTA"?

"El gallego, audaz y tanguista, ha nacido cuatro siglos demasiado tarde.
Para él fueron aquellos tiempos de conquista de imperios,
cuando la audacia y el genio de los españoles trocaron en realidad algo
que parecía una quimera"
Así habla un viejo recorte de periódico de mi abuelo, Ángel Tejeiro Casteleiro, boxeador entre 1923 y 1933, campeón de Cataluña del peso ligero cuando aquello suponía el número dos o tres del escalafón nacional de la categoría. Yo no llegué a conocerle, y hoy la Federación Española de Boxeo dice que no sabe, no contesta, que los archivos se quemaron cuando la guerra y que oficialmente no queda constancia de él. Igual es que, para esta gente, tirar de hemeroteca no merece la pena. Supongo que, por el mismo motivo, tampoco saben nada de otros grandes nombres del pugilato español de principios del siglo XX. Hombres bravos con los que mi abuelo compartió una buena amistad -como Hilario Martínez, José de la Peña, Serafín Martínez Font, Ricardo Alís, Víctor Ferrand, Ignacio Ara- o con quienes tuvo la ventura de coincidir dentro y fuera de los rings, como Martín Oroz, Joaquín Valls, Luis Rayo, Tomás Cola, Tomás Thomas y tantos otros. Esta página va dedicada a todos ellos, a recuperar su memoria en unos tiempos en que cualquier payaso se las da de celebridad. Está en construcción, como veis: de momento he recogido datos de Ángel Tejeiro, Hilario Martínez, Martín Oroz, Díaz II, Ángel Artero, José Gironés, Jorge Salvany, Josep Ubach, Emilio Gil "Blind" y Rodri. También se muestra una lista de los campeones de España desde la fundación de la FEB hasta el comienzo de la guerra (que yo sepa, es la primera vez que se publica). Animo a quien quiera honrar a estos grandes boxeadores a que colabore con datos, preguntas, comentarios, fotografías o cualquier otro material. Va por ellos. Va por ti, iaio.

Prólogo del libro "Audaz y tanguista"

En la noche del 23 al 24 de junio de 1977 la camioneta pick up de la marca Toyota ocupada por Ñato “Chancho” Arizmendi y “el Polilla” Celaya patinó en el barro de la pista que enlazaba Santa María y Teocuatlán, se salió de la misma por el margen derecho y dio vueltas de campana por la ladera repleta de cafetos en floración hasta empotrarse contra el tronco de una ceiba. Cuando cesó el cling clang de las piezas al desmontarse y la ladera del Cerro Grande recobró su silencio habitual —roto sólo por el repique de la lluvia que caía con tedio— “Chancho” Arizmendi y “el Polilla” Celaya, que se habían empotrado contra el parabrisas al primer tumbo del vehículo, estaban ya muertos de sendos traumatismos craneoencefálicos.
El siniestro fue descubierto seis horas más tarde por el cabo Dionisio Rojas, de la policía municipal de Tuxtepec, cuando hacía la ronda en su vieja camioneta Chevrolet para comprobar que las agencias habían vuelto al orden después de la noche de San Juan. El cabo detuvo su vehículo en el punto del lodazal por donde el pick up de “Chancho” y “el Polilla” había abandonado la rodada, se apeó, protegió sus ojos con la mano y contempló el ancho surco abierto en el cafetal. La lluvia se había convertido ya en un calabobos perezoso que aún no se había difuminado en calina. Suspendidos sobre las flores blancas de los arbustos de café y recortados contra la hoya del valle del Zacatepec —que se extendía al pie del cerro como una jarapa de tonos verdes—, el auto accidentado y la ceiba componían una estampa trágica pero muy fotogénica.
Dionisio Rojas suspiró y chapaleó por el barro hasta los restos humanos y vehiculares. Era un hombre joven y aindiado, de cabeza grande y cuerpo menudo y flaco, ojos descreidos, cabello zaino peinado con raya en medio y gesto lúgubre. Cuando llegó al auto reconoció de inmediato a los fiambres, comprobó que ambos lo eran efectivamente y permaneció un rato contemplando la ringlera de objetos variados que se extendía por todo el terreno por el que la camioneta había trompicado. Mojados, medio hundidos en el barro o depositados en las plantas de café como guirnaldas de Navidad, el cabo Rojas vio varios pañolones floreados de seda, distinguidos trajes de señora y caballero, una mantelería de finos bordados, dos candelabros de bronce, media docena de cubiertos de plata, una sopera de porcelana, un reloj con carillón, otro de mesa, un bastón con puño repujado y otros objetos por el estilo. Dionisio Rojas adivinó que aquel era el fruto del saqueo de las casas pudientes de la ciudad, perpetrado la noche anterior por los difuntos aprovechando que sus habitantes habrían acudido a disfrutar de los concursos de decimeros, de las cabalgatas y de los sones y huapangos.
Con desgana resignada, el cabo chapoteó de vuelta hasta su camioneta y llamó por radio a la central para informar del hallazgo, pedir que fueran a despertar al señor juez y ordenar de camino un termo de café con piquete.
Mientras aguardaba, Dionisio Rojas recolectó para provecho propio algunas piezas del tesoro que se tendía entre el camino de terracería y la ceiba: un puñado de billetes mejicanos y gringos, una estilográfica Sheaffer’s, un reloj Longines Kleopatra, un pendiente suelto de oro y pedrería. Una a una las fue gardando en la faltriquera de su pantalón de loneta, sin perder por el ángulo del ojo la vista del sendero que serpeaba entre los cafetales. Una hora más tarde llegaron cerro arriba dos vehículos: la otra camioneta del retén de policía y el Jeep amarillo del Servicio Postal Mexicano que el magistrado Mosquera utilizaba en sus salidas a las agencias del campo. Según llegó el juez —un hombre cachetón, mal rasurado y con bigotes de aguacero—, el cabo Dionisio Rojas le puso al corriente de lo que había encontrado y le entregó en mano algunos de los objetos de valor y parte del dinero que había rapiñado.
—No quise dejar estas cosas en el barro, señor licenciado, por si se las llevaban —dijo el cabo, obviando la ausencia de otras personas que no fueran ellos dos y el policía Héctor Lorenzana, a quien por guapo llamaban “la Nancy” a sus espaldas. El juez se apropió de lo ofrecido, lo guardó en el bolsillo interior de su saco, caminó por el barro hasta el lugar de la colisión —calzaba botas altas de agua sobre el traje de paño azul—, inspeccionó sin entusiasmo a los fallecidos y ordenó que los cuerpos fueran llevados al depósito de la Casa de Salud de Tuxtepec. Respecto a los restos del botín, dispuso el señor magistrado que el cabo Rojas los transportase al cuartel policial, los inventariase y, a falta de caja fuerte, los pusiera en custodia en un calabozo.
—Tal vez sus dueños pongan denuncias —dijo con escepticismo—. Estén atentos y consulten de cuando en cuando a los otros retenes. Si aparece alguien a quien catearon estos dos pendejos, envíenmelo.
—¿No es necesario que el doctor Carrizo certifique las defunciones antes de levantar los cuerpos? —quiso saber Dionisio Rojas.
—¿Le parecieron vivos a usted?
—Ni modo, Señoría.
—¡Pues ándele, no se me apure! Deje usted que el doctor duerma la mona en paz, que tiempo habrá para certificados.

Dionisio Rojas era un hombre tranquilo, pero no con la indolencia propia de los de su oficio sino con la calma testaruda de los buenos jornaleros. Aún no había almorzado cuando a las cinco de la tarde terminó de apilar y enumerar los objetos, de manera que encargó de una cantina próxima una tortilla de yuca con frijoles refritos, un dulce de mamey y un par de Tecates.
La lista incluía ciento quince objetos. La mayoría eran de la suerte de los citados pero también otros menos previsibles, con los que los maleantes debían de haber arramblado en la precipitación de la huída: una trompeta Piccolo de tres pistones plateada y con abolladuras, un par de zapatos correctivos infantiles de piel marrón, un gastado retablo en lámina con una Virgen del Sagrado Corazón y hasta una muñeca de porcelana con cabello natural, ojos de vidrio, vestido de orlán y zapatitos de cuero, que Dionisio colocó de cara a la pared con repelús.
Uno de estos objetos de valor económico discutible era un libro de veintiún centímetros de largo y catorce de ancho, con encuadernación rústica encolada; una novela económica de unas doscientas páginas, imprimida en Montevideo en 1971, que llevaba por título «Audaz y Tanguista» y cuya autora se llamaba Ana Ferreiro Azuaga. A Dionisio le había atraído la fotografía de la portada: el amarillento retrato de estudio de un boxeador joven en la postura clásica de este deporte, con el cuerpo ligeramente de lado y encorvado, la izquierda adelantada y la derecha guardando el torso. Probablemente un peso pluma o ligero. El cabo Rojas se fijó en que los guantes eran apenas dos saquitos de cuero, seguramente confeccionados con crin de caballo; dos guantes de los que se deshacían y dejaban los puños al descubierto a partir del décimo quinto asalto, cuando aún se peleaba a esas distancias.
A Dionisio Rojas le gustaba el boxeo desde muy niño, cuando su padre lo llevaba al gimnasio Gloria del barrio de Tepito —en la Colonia Morelos de Ciudad de México— a ver los entrenamientos del tío Clemente. El hermano de su madre nunca fue una estrella, aunque llegó a pelear con Roberto “Mano de Piedra” Durán en Panamá. El cabo Rojas recordaba la fascinación infantil de aquellas visitas al Gloria, donde también había admirado a otros bravos boxeadores como Rodolfo Martínez o Enrique “el Trapitos” García, que llegó a pelear por el título del mundo. Dionisio aún era joven: de todo aquello hacía apenas una década.
La novela tontamente robada por “Chancho” y “el Polilla” formaba paquete, gracias a dos gomillas dispuestas en cruz, con un grueso sobre y un recorte de periódico plegado. Dionisio Rojas retiró la gomilla con curiosidad y extrajo el sobre, uno de cuyos lados estaba rasgado. En el anverso estaban anotadas con la letra espesa del que escribe despacio las largas señas de la destinataria: doña Elsa Cuarón, señora de Castro, Escuela Primaria Álvaro Obregón, Avenida Insurgentes esq. 5 de Mayo, Colonia Juárez, San José Aculco, Tamaulipas, México. En el reverso se podía leer, como es habitual, el remitente: Marcel Berlandier, 100 Rue Paul Cornet, Saveuse, Département de la Somme, France. El matasellos, circular, llevaba la inscripción 80-AMIENS, 26 AOÛT 73.  En el interior había una docena de hojas escritas en castellano con pulcritud de calígrafo. Les echó un vistazo distraído, las volvió a plegar y las regresó al sobre.
Dionisio Rojas se fijó entonces en el recorte de periódico, un fragmento a tres columnas con el largo de la página, coronado por dos fotografías. En la primera se mostraba a un hombre mayor vestido con una americana oscura; en el pie se leía «Ventura Castro, el ‘campeón’ de San José». En la segunda aparecía el que debía de ser el mismo hombre pero con muchos menos años; vestía calzón y guantes de boxeo y posaba para el fotógrafo junto a otro púgil, flanqueando ambos a un árbitro y rodeados de quienes parecían mánagers, segundos y demás. El pie de foto decía: «Castro y McLarnin en la Plaza Monumental de Barcelona en 1935». El título del artículo era «138 segundos entre la gloria y el infierno».
Varios meses atrás, la aparición de grietas en la cubierta del cuartelillo había provocado su demolición y la instalación de planchas de uralita, que en el momento en que Dionisio Rojas miraba el recorte comenzaron a repicar bajo la lluvia llenando el edificio de un estrépito molesto por la intensidad pero melancólico por naturaleza. Con este sonido de fondo, el cabo se sentó en el banquito de concreto que constituía todo el mobiliario del calabozo, agarró una botella de Tecate y se dedicó a la lectura de aquel artículo de prensa, que estaba redactado en los siguientes términos:

«138 segundos entre la gloria y el infierno»
Un reportaje de Pío Vernis.
San José Aculco, 7.- Llegó con los refugiados españoles de 1939, vivió una década en Nuevo León y desde hace casi veinte años los aculquenses le ven caminar todas las mañanas, puntual como un reloj, las cinco cuadras que median entre su casa de la calle de Zárate y la Escuela Primaria Álvaro Obregón, donde ejerce de profesor de educación física. Cuando pregunto por él en la primera tienda de abarrotes que veo, de inmediato saben darme cuenta. Me dicen que es un hombre correcto y educado en el trato, que va a la suya sin meterse con nadie. Su casa es pequeña, limpia y sin lujos. Apenas sale. Su pasaporte mejicano dice que nació en Badalona, Barcelona, hace sesenta años y que su nombre es Ventura Castro Ruiz, pero en el pueblo le llaman indistintamente “don Ventura” o “campeón”. Porque hay maestros… y maestros y este, antes de dedicarse a la noble promoción del deporte local, fue campeón de Europa de boxeo. Híjole, que decía aquel.
            El gimnasio de la escuela huele a sudor. Don Ventura es un hombre de estatura mediana, cabellos güeros ondulados que ralean y cara rocosa bien rasurada. Está reclinado sobre una banca, haciéndole algo con un desarmador a una rueda de bicicleta desmontada que mantiene horizontal. Muestra una sonrisa educada, pero su rostro se endurece cuando me ve entrar y se da cuenta de que no soy del pueblo. Mira el cuaderno y el bolígrafo que sostengo en la mano. Mira la cámara fotográfica que cuelga de mi cuello. Dice:
―Buenos días, ¿qué se le ofrece?
Los españoles parecen enfadados cuando hablan, pero don Ventura no. Don Ventura el “campeón” parece de hielo.
―Soy periodista del Sol de Río Verde. Busco a don Ventura Castro, el que fue campeón de España y de Europa de boxeo.
            Suspira.
―¿Para qué?
―Para entrevistarle.
            Trastea pensativo la rueda de bicicleta y finalmente dice sin levantar la mirada:
―Vuelva usted a mediodía. Tomaremos unas cervezas y hablaremos.
            Vuelvo a la hora indicada y me conduce sin mucha plática hasta una minúscula cantina de dos mesas, en la que nos sirven unas chelas heladas.
―Dicen que fue usted uno de los mejores boxeadores que ha dado la madre patria…
La adulación no funciona: no dice esta boca es mía. Lo intento de nuevo:
―¿Cuáles fueron sus números como boxeador?
―Fui campeón de España y de Europa del peso ligero y luego campeón de Europa del peso wélter.
(El “campión” ha decidido el tono que mantendrá durante toda la entrevista: triste, reticente y desconfiado. En lugar de las cervezas tenía que haber ordenado unos tequilas para que se calentara).
―Yo me refería a lo de victorias, derrotas y draws.
―No mido mi carrera de esa manera.
―Es usted muy libre. ¿De qué años estamos tratando?
―De 1926 a 1935.
―En esos años fue usted el ídolo indiscutible de los fanáticos españoles.
―Hubo otros: Paulino Uzcúdun, Antonio Ruiz, Gironés, Flix… Todos ellos fueron también campeones de Europa. Pero sí, yo tenía muchos seguidores. Preparaba muy bien mis combates y salía a darlo todo desde el principio. Eso el público lo agradece.
―Sin embargo, no quiso hacer las Américas como Paulino y otros.
―Peleé unos meses en Cuba, pero ganaba buena plata en España y preferí volver.
―A usted le venció Jimmy McLarnin en 138 segundos, en el primer y único k.o. que sufrió en toda su carrera.
―Fue por una artimaña del mánager de mi rival. Me tuvo un rato aguardándole al raso sobre el ring. En frío a cualquiera le pueden dañar con un lucky punch.
―¿Qué es un lucky punch?
―Un golpe de suerte que le sale a quien no lo merece.
―¿Quiere decir que no fue un resultado justo?
―No lo dude usted. En iguales condiciones le hubiera mandado a dormir. Yo le había visto pelear otras veces y no era tan fiero el león.
―En ese combate los aficionados pasaron de la adoración hacia usted a la silbada, ¿Por qué cree que se produjo esa reacción tan emotiva?
―Está usted mal informado. Algunos es posible que creyeran que yo no salí a darlo todo y por eso pitaron, pero la gran mayoría protestó por la sucia maniobra de mi rival. Ya le dije que el público me apreciaba mucho.
―¿Siguen recordándole en Barcelona?
―…
―Usted tuvo que huir de España porque le acusaron de torturar a presos facciosos durante la guerra civil.
―Yo me exilié porque no quería vivir bajo el mando de los militares y de los sotanudos. Puede usted ponerlo con estas palabras. Yo estuve muy implicado con la República.
―¿Niega entonces las acusaciones de torturador?
―No tengo por qué negar nada. Quien haya vivido una guerra conoce las atrocidades que en ellas suceden en todos los bandos. No olvide usted que no fuimos nosotros los que provocamos aquella sangría.
―Esa respuesta se me hace como que quien calla otorga.
―Entiéndalo usted como crea conveniente.
―¿Cómo le recibieron a su llegada a México?
―Para los mexicanos sólo tengo palabras de agradecimiento. El Presidente de ustedes fue el único que defendió la legalidad de la República. Me concedió la nacionalidad y me proporcionó un empleo para empezar una nueva vida. México es un gran país.
―Es usted maestro de educación física.
―Sí, primero en Montemorelos y ahora en la escuela de San José Aculco.
―¿Cómo es su vida en México?
―Tranquila. Llevo una vida tranquila con mi esposa mejicana, que es maestra en el colegio y con mi trabajo.
―¿Tiene hijos?
―Uno. También es maestro en el colegio. Salió a la madre, es un gran muchacho. Ahora va a darme mi primer nieto.
(Por un momento creo que a don Ventura se le escapó algo parecido a una sonrisa).
―¿No pensó en regresarse?
―¿A dónde? Esta es mi casa. Soy ciudadano mejicano.
―¿Sigue usted el boxeo por la televisión?
―No.
―¿No tiene nostalgia de los años en que era usted una estrella del boxeo?
―No.
Finalizamos nuestro almuerzo, nos paramos y don Ventura Castro abona la comanda. He tenido que arrancarle las respuestas como con tenaza de dentista. En la calle accede a que le eche un par de fotografías, me pregunta cuándo voy a publicar mi reportaje y se despide con un apretón de manos. Luego lo veo dirigirse con paso rengo y ensimismado hacia su casa y en un segundo cierra la puerta a sus espaldas. Tengo la sensación de que me dijo la verdad. Luego tengo la sensación de que no me dijo nada.

            El cabo Dionisio Rojas permaneció pensativo durante unos minutos. El nombre de aquel ex púgil no le sonaba —todo el boxeo anterior a Mohamed Alí, pensaba, era pura arqueología–, pero la historia le había interesado y echó un nuevo vistazo reflexivo al sobre, cuya destinataria era la señora de Castro en San José Aculco.
—¿Te quedas hasta mañana, güey?
La interpelación le hizo dar un respingo. El cabo Roberto Flores —su relevo en los largos turnos de doce horas del fin de semana— se le había aproximado al amparo del tamborileo de la lluvia y se desperezaba a su espalda. Dionisio miró su reloj: las seis de la tarde. La pinche de su novia andaba de vacaciones en Mazatlán con sus padres: tenía por delante día y medio de tedio, televisión y cervezas. Relató al cabo Flores los sucesos del día, le traspasó la custodia de los objetos robados y añadió:
—Este libro me lo llevo y lo devuelvo de hoy en una semana.
—Órale, por mí puras habas —fue la réplica.

Dionisio Rojas vivía de alquiler en un edificio de apartamentos económicos en la colonia Santana de Tuxtepec, al que llegó un rato después en su vocho verde metálico del 72. Se duchó, se puso unos calzoncillos estampados tipo bóxer, encendió su viejo televisor Philco en blanco y negro y permaneció en pie unos segundos hasta que la agüilla se disipó. En “Nuestro cine mexicano”, en el Canal Dos (que era el único que captaba), echaban la vieja película El rey del barrio. Apagó el televisor, cogió el paquete que formaban el libro y la carta, depositó esta última sobre una cómoda —no le atraía el chismorreo en las vidas de otros— y se recostó en el sofá a leer la novela.
Tardó dos semanas en completar el libro a ratos perdidos, y lo que leyó le incitó a leer a continuación la carta enviada por monsieur Marcel Berlandier a doña Elsa Cuarón, señora de Castro. Cuando finalizó aún no había aparecido el propietario de ambos escritos. Dionisio Rojas comenzó a buscarlo con sumo interés.
[FIN DEL PRÓLOGO]

Emilio Gil "Blind" (boxeador entre 1920 y 1927)

Emilio Gil "Blind" (izquierda) antes de un combate















Un familiar de Emilio Gil "Blind" se ha interesado
por la historia pugilística de este bravo boxeador
de principios del XX. Es para mí un placer brindarle 
este resumen, que espero contribuya a recuperar su memoria.

Cuando Emilio Gil aparece por primera vez como boxeador corre la primavera de 1920 y en Barcelona, convertida en capital del boxeo nacional, los aficionados acuden en número cada vez mayor a las veladas que con frecuencia irregular se celebran en locales como el Frontón Condal, el Iris Park o el Luna Park, entre otros. El boxeo es aún un deporte de nuevo cuño en nuestro país, tanto que ni tan siquiera existe una federación que lo regule. 

La primera reunión del año es la que se celebra el domingo 4 de abril en el Frontón Condal, de la mano del Select Boxing Club dirigido por Mr. Raynart. Se trata de una velada que incorpora novedades que pronto serán norma en el pugilismo nacional: tres jueces, un director de combate y el reconocimiento médico de los boxeadores. Aunque se han programado cuatro peleas, tres de ellas terminan antes del número de asaltos acordados, por lo que Mr. Raynart decide una incorporación de última hora, enfrentando a dos jóvenes debutantes que, muy a la moda, suben al ring bajo los seudónimos de Warrior y Blind Donkey. Este último es un catalán llamado en realidad Emilio Gil. El combate se disputa a 4 asaltos, durante los cuales Warrior llega a obtener cierta ventaja que, faltándole eficacia en los golpes, se traduce sin embargo en la decisión de combate nulo por parte de los jueces.

La próxima aparición de Blind Donkey entre las cuerdas tiene lugar tres meses más tarde, el jueves 8 de julio, en el transcurso de las veladas que organiza el Ateneo Enciclopédico Popular, entidad que bajo la dirección de Ramón Larruy se ha lanzado a la organización de los primeros campeonatos de España que merecen calificarse como tal. Esa noche, en el Iris Park, Frank Puig vencerá a Ángel Munich y obtendrá el título nacional del peso welter. El combate de semifondo enfrenta a Blind Donkey (que milita en el AEP) con Andrés Goñi, un joven de corta trayectoria que supera en cuatro los 57,2 kilos de Gil. La pelea, pactada a 8 asaltos de 2 minutos, resulta emocionante y equilibrada, y aunque Goñi llega a encontrarse por momentos a merced de su rival, la falta de experiencia de éste le impide asestar el golpe definitivo. Andrés Goñi consigue sin embargo una ligera ventaja y obtiene la decisión por puntos.

Dejando atrás el Donkey, Blind vuelve a subir al ring del Iris Park el 19 de agosto, en una nueva velada organizada por el Ateneo. Aunque en principio se anuncia su revancha contra Goñi, éste acaba por convertirse en cabeza de cartel en combate contra Pedro Valls, mientras Blind hace frente, en la pelea de semifondo a 8 asaltos, al independiente Laurencio. Desde el principio queda clara la superioridad del pupilo del AEP. En el segundo round, un fuerte crochet de Laurencio es replicado con una rápida serie de duros golpes que, aunque recibidos con entereza, le dejan seriamente tocado, hasta el punto de que en el asalto siguiente el árbitro decide parar el combate y dar a Blind por vencedor antes de que su rival sufra mayor castigo. Blind, por su magnífica victoria, recibe una copa de plata ofrecida por el sportman local Gaspar Soliva.

Durante los siguientes nueve meses, Blind progresa en su carrera convirtiéndose poco a poco en una referencia dentro de los pesos ligeros, pues la mayoría de sus combates revelan a un luchador pundonoroso, trabajador y duro, a quien el público aplaude con entusiasmo. Quizá le falta aún a Blind algo de técnica en su boxeo, y acaso a eso hay que atribuir la irregularidad de los resultados en este periodo:

El 30 de septiembre, en una velada organizada en el Iris Park por el Ateneo, Blind y Pedro Valls, que se enfrentan en el combate de semifondo a seis asaltos, ofrecen un  “alarde de fuerza, resistencia, ciencia y valentía”, que levanta al público unánime “como un solo hombre, sacudido por una ráfaga de emoción admirativa”. En el cuarto round, “por dos veces está Valls a punto de ser lanzado del ring, recibe últimamente dos crochets a la mandíbula, cae k. o. irremisiblemente. Cuando el árbitro contaba hasta seis penetraron los segundos en el ring y aquél, dejando de contar levantó la mano de Blind, proclamándole vencedor por descalificación. La ovación fue continua y delirante durante todo el round.” (EMD 21/10/21 p5).

El 14 de octubre llega la ansiada revancha ante Goñi, en una nueva velada del AEP en el Iris. En el quinto combate de la noche, Pedro Sáez vence a Frank Puig y se hace con el título nacional del peso welter. En la pelea que lo precede, Goñi vuelve a dominar y a imponer su ventaja en envergadura y kilos; aunque Blind se muestra valiente y resiste con orgullo, no puede evitar verse derrotado por estrecho margen de puntos, retirándose ambos entre aplausos de los aficionados.

En la velada inugural del Barcelona Boxing Club en el Frontón Condal, el 16 de diciembre, y de nuevo como antesala del combate por el título nacional de los welters (que Joaquín Valls arrebata a Sáez a 12 asaltos), Blind fuerza al abandono a Warrior en el segundo de los 8 rounds pactados.

Milita ya Blind en el Boxing Club cuando, el jueves 13 de enero, sube al ring de la Bohemia Modernista para enfrentarse, en semifondo, con el veterano púgil del Sporting Boxing Club que responde al sobrenombre de Americano. En este combate Blind no acaba de encontrarse a gusto, y aunque lleva la iniciativa en todo momento, no consigue que sus golpes hagan mella sobre su rival. El resultado final es de combate nulo.

El Iris Park acoge el miércoles 2 de marzo el siguiente combate de Blind, que por primera vez interviene como cabeza de cartel al enfrentarse a 8 rounds con un compañero de club, el campeón de España del peso pluma Ramón Miró. La noche, sin embargo, es de las desafortunadas, pues después de que, tras una serie de peleas decepcionantes, el combate entre Blind y Miró comenzase a vislumbrarse como el combate de la noche, el rival de Emilio Gil es amonestado por el árbitro, señor Casanovas, y amenazado con la descalificación… ante lo que opta por abandonar la pelea.

El primer momento clave de la vida pugilística de Blind llega una semana después, el jueves 10 de marzo, cuando en la Bohemia se enfrente a Federico Zaldívar, en el combate estelar de la noche, por el título de España del peso ligero. Zaldívar es un magnífico púgil que, habiendo debutado en noviembre del año anterior, ha enlazado cinco victorias seguidas  (cuatro de ellas por k.o.), contándose entre sus víctimas el propio Andrés Goñi. Jaleados por sus respectivos seguidores, Blind y Zaldívar se enfrentan en un combate duro y valiente en el que el segundo lleva la iniciativa pero llega a encontrarse por periodos en aprietos. A medida que avanzan los rounds, los ojos de Blind van recibiendo un castigo cada vez mayor hasta que en el quinto asalto, después de casi dos rounds peleando a ciegas, se ve forzado al abandono. No consigue Blind el título nacional de la categoría, pero su bravo combate le vale el nombramiento como challenger (retador) oficial, lo que equivale al número dos en el escalafón.

Deberán transcurrir cuatro meses hasta que Emilio Gil “Blind” obtenga la revancha frente al nuevo campeón. En ese intervalo, castiga a Americano en el Frontón Condal a base de crochets y golpes en el estómago hasta vencerle a los puntos (14 de mayo), vuelve a verse derrotado por Goñi, también a los puntos, en el Iris Park (16 de junio) y hace nulo con un valor en alza, Alfonso Cañizares, en el Parque de Barcelona (21 de julio).

Los tres combates citados han sido de un magnífico nivel, y el público aguarda con expectación la defensa del título que Federico Zaldívar deberá realizar ante Emilio Gil en la inauguración de las matinées del Teatro Tívoli, el domingo 31 de julio. El combate está pactado a 10 asaltos de 2 minutos, pero durará la mitad. Blind se protege bien en los dos primeros rounds y ataca con crochets a continuación, haciendo sangrar a Zaldívar por una ceja hasta que el árbitro, César Reyes, decreta su derrota en el quinto asalto. Emilio Gil “Blind” se convierte de esta manera en campeón de España del peso ligero.

Campeón de España

Durante un año, Blind no necesita defender oficialmente su título. Continúa ofreciendo buenos combates, aunque los resultados no siempre le acompañan; pronto se evidencia que es un púgil batallador y bravo, querido por el público, pero carece de la ciencia que poseen las grandes figuras del boxeo. Entre septiembre de 1921 y el mismo mes de 1922, la carrera de Blind se resume en las siguientes peleas:

  • Nulo ante el peso pluma francés Denain, en un excelente combate que Blind consigue igualar en los últimos asaltos a base de coraje (23 de octubre, Teatro Doré).
  • Nulo ante Afonso Cañizares (futuro campeón de España del peso pluma) en un combate en el que Blind no consigue lucirse (2 de noviembre, Bohemia Modernista).
  • Nuevo nulo ante Denain, aunque la prensa reclama una ligera ventaja de éste por puntos (22 de noviembre, Bohemia Modernista).
  • Derrota por puntos ante el veterano Paul Gay, en una magnífica pelea de ambos que encabeza el cartel del Iris Park (6 de diciembre).
  • Victoria por k.o. en el tercer asalto sobre Americano, con una gran exhibición de Blind (22 de diciembre, Iris Park).
  • Victoria sobre el francés Auguste Grassi por descalificación de éste por dudoso golpe bajo cuando llevaba una copiosa ventaja de puntos, lo que provoca las quejas del público y una reclamación de la Federación francesa (24 de febrero de 1922, Iris Park).
  • Derrota por puntos ante Ricardo Alís, una figura en ascenso que  meses después se convertirá en campeón de España del peso welter y será una de las principales figuras de nuestro boxeo (18 de mayo, combate principal a 10 asaltos en el Frontón Condal). Ambos púgiles se presentan dentro de la categoría de los pesos welter, lo que revela que Blind, que lleva tiempo en el límite de los ligeros, tiene crecientes dificultades para mantener la categoría.
  • Victoria por puntos sobre el negro americano Teta, cuya notable resistencia impide la conclusión del combate por nocaut (16 junio, Frontón Condal).
  • Derrota por estrecho margen de puntos ante el ex campeón de España de los welters Pedro Sáez, en un combate excelente a corta distancia en que ambos son muy aplaudidos (16 de septiembre, Parque de Barcelona).
Emilio Gil “Blind” defiende su título el 26 de septiembre, en el Iris Park,  ante Agustín Villar, un buen púgil que viene de enlazar cinco victorias consecutivas. No puede Villar conseguir la sexta, pues en lucha a diez asaltos se ve vencido a los puntos por el campeón.

Un mes más tarde, el 26 de octubre, Blind retiene de nuevo su título cuando vence de forma clara a los puntos, en combate a 6 rounds, a un joven valenciano afincado en Barcelona que disputa su cuarta pelea como profesional. El joven, de apenas 17 años, se llama Hilario Martínez. Todos entrevén en él madera de gran púgil, y un año después volverá a pedir su oportunidad al conseguir la revancha contra Emilio Gil “Blind”.

En ese intervalo, Blind continúa siendo el número uno de los pesos ligeros nacionales, ratificado en el título el 9 de febrero de 1923 por la recién creada Federación Española de Boxeo (siendo, por tanto, el primer campeón de España oficial de la categoría). Son meses en los que Blind no se prodiga en combates:
  • Es derrotado a los puntos por Cassini, campeón militar de Francia del año anterior (6 de diciembre de 1922, Teatro Bosque).
  • Retiene el título al compensar con precisos crochets la fogosidad de Agustín Villar, consiguiendo el nulo a 12 asaltos (9 de febrero de 1923, combate principal del Iris Park).
Anuncio del combate entre Blind e Hilario
El mismo periodo, Hilario Martínez ha conseguido 7 victorias y un nulo, por lo que los aficionados reclaman insistentemente la revancha por el título, que queda fijada para el sábado 12 de diciembre de 1923. El escenario es el más grande de que dispone nuestro país para este tipo de eventos: la plaza de toros de Las Arenas, en Barcelona. El cartel, del que el combate Blind-Martínez es semifinal, es sencillamente extraordinario, ya que incluye además a figuras como los campeones de España Manuel González (mosca) y Ricardo Alís (welter), el excampeón Pedro Sáez y los futuros campeones Jim Morán y Tomás Thomas.

La pelea en que Blind defiende su título está pactada a 12 asaltos, pero ya en el primero Martínez se muestra como una gran estrella y lleva al campeón a la lona por dos ocasiones. Los aficionados, que saben que Blind ha tenido que hacer un esfuerzo sobrehumano para perder casi cinco kilos y situarse dentro del peso, comienzan a adivinar el resultado del combate. En el segundo round, Emilio Gil es derribado de nuevo y, aunque consigue reincorporarse, es solo para recibir un formidable crochet de derecha que lo fulmina sobre la lona y da el título nacional a Hilario Martínez. Es indudable que ha nacido una nueva estrella del boxeo (Hilario será una de las figuras legendarias de nuestro pugilismo), pero ¿qué va a suceder con Blind?

Etapa final

El ya ex campeón se empeña en pelear en los pesos ligeros durante unos meses más. Hace un ajustado nulo en la plaza de toros de Bilbao frente a otro Martínez, campeón de Castilla de la categoría (4 de febrero de 1924), vence por puntos en un combate poco vistoso al francés Paul Gabriel en el Teatro de Novedades de Barcelona (26 de febrero), fuerza al abandono al francés Lamboléz en el mismo escenario, desbordándole con crochets, uppercuts y derechas (11 de marzo), es vencido a los puntos por Joseph Marco, campeón de Levante, en un magnífico combate que se disputa en Valencia (24 de abril).

En verano de 1924 acepta finalmente su pase a los welters, en los que obtiene una primera victoria, ajustada pero merecida, ante Castañé, en un combate a trompazo limpio en el que ambos se vienen a la lona en alguna ocasión (17 de julio, Parque de Barcelona).

La buena forma de Blind, la experiencia que se va sumando a su dureza y pundonor, auguran una buena carrera en la nueva categoría. La revancha contra Marco es aguardada con interés por los aficionados, y queda incluida como semifondo en la velada que el jueves 24 de julio es organizada en el Stadium de Barcelona con motivo de la verbena de San Jaime. Los primeros asaltos son duros, con fuertes intercambios de swing; en el sexto, un crochet de Marco coge mal a Blind y le alcanza en la mandíbula, provocándole un fuerte dolor. El maxilar inferior del excampeón está fracturado, y en esas condiciones se ve forzado al abandono.

La grave lesión lleva a Blind a un largo periodo de inactividad del que le costará mucho salir. No será hasta el 29 de mayo de dos años más tarde, en 1926, cuando Emilio Gil vuelva a cruzar las sogas de un ring: será en La Terraza, en Bilbao, en enfrentamiento contra el negro cubano Estanislao Frías. Blind está claramente en un mal momento, y en el quinto asalto sufre un implacable nocaut de un potente crochet de Frías.

La derrota supone un golpe definitivo para Emilio Gil. Aún hará un último intento, el 22 de marzo de 1927, cuando suba al ring del Iris Park para enfrentarse con López. Desentrenado, muy fuera de forma, Blind es desbordado y puesto ko por López en el segundo asalto tras sufrir un knock down. “Salud a la majestad caída”, es la frase con que el cronista del Mundo Deportivo cierra la carrera pugilística del primer campeón de España oficial del peso ligero.

Resumen de su carrera

El resumen de la carrera pugilística de Emilio Gil “Blind” es el siguiente:

Campeón de España (31 julio 1921 – 8 diciembre 1923)
  • 14 victorias: 6 por puntos (Americano, Teta, Villar, Hilario Martínez, Paul Gabriel, Castañé), 4 por ko (Laurencio, Pedro Valls, Zaldívar, Americano), 3 por abandono (Warrior, Miró, Lambolez) y 1 por descalificación (Grassi).
  • 13 derrotas: 8 por puntos (Goñi en 3 ocasiones, Paul Gay, Ricardo Alís, Pedro Sáez, Cassini, Joseph Marco), 3 por ko (Hilario Martínez, Frías, López), 2 por abandono (Zaldívar, Marco).
  • 8 nulos (Warrior, Americano, Cañizares en 2 ocasiones, Denain en 2 ocasiones, Villar, Martínez).


Josep Ubach (boxeador entre 1913 y 1922)


Para Judith Rovira i Ubach, nieta de Josep Ubach: 



La historia pugilística del duro boxeador Josep Ubach comienza de la mano de una entidad mítica en el boxeo español: el Club Pugilista de Barcelona. Con más voluntad que medios, el club estaba formado en su mayoría por jóvenes de familias bien avenidas que querían importar a la Barcelona de principios del siglo XX un deporte tremendamente popular en Francia o Inglaterra pero aún desconocido en España: el boxeo.

El Club Pugilista fue creado en abril de 1913, y de la mano de su profesor, Tony Berton, pronto se lanzó a organizar veladas con las que pretendía popularizar tan apasionante deporte. En ellas participaban algunos de quienes, con el tiempo, pasarían a ser tenidos como pioneros del pugilato en nuestro país: Larruy, Beovide, Armengol… El primer combate de Josep Ubach abre la segunda de estas reuniones, que con buena concurrencia se celebra el sábado 10 de mayo en la sede del Club. En esa ocasión, Ubach es vencido por Grau en 4 asaltos de 2 minutos de duración.

La historia del Club Pugilista fue breve, y sus aspiraciones de popularizar el boxeo en Barcelona, si no del todo fallidas, no vieron fruto hasta varios años más tarde. Tampoco volvemos a tener noticia de Ubach durante nada menos que 7 años, periodo en el cual el pugilismo fue poco a poco abriéndose camino en la ciudad condal, convertida de facto en el centro de este deporte en España.

Buena parte de la labor de promoción del boxeo durante estos años corrió de cuenta de otro de los antiguos miembros del Club Pugilista, Ramón Larruy, quien realizó una incansable y entusiasta labor desde el Ateneo Enciclopédico Popular. Así, en abril de 1920 coinciden por primera vez dos veladas pugilísticas en Barcelona. Por un lado, el Sporting Boxing Club organiza una reunión en su local social; por el otro, el AEP ofrece un cartel encabezado por José Ubach, miembro del Ateneo, quien vence a González por ko técnico.

El éxito de estas reuniones anima al AEP a organizar una serie de veladas en un teatrito llamado Iris Park, en las que con un rigor encomiable se lanza a celebrar los primeros campeonatos nacionales con un mínimo de rigor. El jueves 8 de julio, Frank Puig vence a Ángel Munich y se proclama campeón de España del peso welter. Esa misma noche, otros dos boxeadores de la misma categoría de peso se enfrentan en un apasionante combate que arranca encendidos aplausos del público al final de cada uno de los 6 rounds de 2 minutos. Pedro Sáez, que unos meses más tarde se convertirá en el nuevo campeón, hace valer sus 4 kilos de ventaja (66 sobre los 62 de Ubach) y se alza con la victoria por estrecho margen de puntos.

Un mes más tarde, el 5 de agosto, el AEP enfrenta, en el mismo escenario y a 8 rounds de 2 minutos, a Josep Ubach contra Andrés Goñi, del Boxing Club de Sans. La crónica de Mundo Deportivo del 12 de agosto, aunque breve, no deja lugar a dudas sobre la calidad de los contendientes: “Un gran combate. Venció Ubach por puntos. Ambos ovacionados”.

El 25 de noviembre, en otra velada del AEP en el Iris Park, José Ubach tumba para la cuenta en el primer asalto al debutante Strong, del Pugilistic Club de Gracia, a pesar de los 5 kilos de peso en los que este le supera. Esa noche, César Alaix se convierte en campeón de España de los pesos gallo y Molero se hace con el título del peso pesado ligero.

La carrera de Ubach está lanzada. El 23 de diciembre vence por puntos a Rojas, en combate a 6 asaltos, y el 27 de enero encabeza el cartel en pelea de revancha contra Andrés Goñi, a quien vuelve a derrotar a los puntos en 8 rounds.

La situación en los pesos welters es, sin embargo, complicada. La inexistencia de una Federación de Boxeo (la Federación Española de Deportes de Defensa se constituye en Barcelona en enero de 1921 pero no es reconocida desde Madrid) y el hecho de que el tenido por campeón, Joe Walls, hubiera fijado su residencia en Francia, hacen que se de por campeón al catalán Pedro Sáez, el mismo que seis meses antes se impuso a Ubach por estrecho margen de puntos. Los aficionados reclaman la revancha, esta vez con el título en juego, y ésta queda acordada para el 31 de marzo, con arbitraje del legendario Juan Casanovas.

Los aficionados que llenan el Iris Park reciben al campeón y al aspirante con un fuerte aplauso. El combate, pactado a 10 asaltos, comienza limpio y clásico, cambiándose mutuos golpes con precisión y estilo, habiendo aplausos para la elegante labor de ambos púgiles. Ubach parece más batallador, pero excesivamente nervioso. En el segundo y tercer asalto pega con tanta precisión y fuerza que el público, seguidor en su mayoría del popular Sáez, empieza a temer una decisiva derrota de Peret; éste tiene la cara ensangrentada. En el cuarto coloca Sáez un buen crochet en la cara y el combate se hace más igual. Desde aquí al noveno inclusive son todos los asaltos favorables a Sáez, que al fin del séptimo pega un colosal crochet derecho. Los asistentes están pendientes del resultado. Ubach parece definitivamente dominado, pero valiente. Décimo asalto. Durísimo ataque mutuo; Ubach pega una serie de crochets, que hacen vacilar a Sáez; los espectadores abren los ojos con sorpresa. Ubach ve la difícil posición del campeón y sigue atacando desesperadamente; le hiende la arcada subciliar derecha, le lleva a las cuerdas. Sáez, vacilante, responde como puede. El público ruge, vociferando advertencias, cada cual a su predilecto; todos se levantan y el round termina en medio de un clamor inmenso que no deja oír el gongo. Ambos boxeadores están deshechos. El resultado es de match nulo. El cronista de Mundo Deportivo resume el combate con las siguientes palabras: “Sáez boxea mejor que Ubach; Ubach pega más duro que Sáez; si Ubach corrigiera sus nervios, sería el mejor.”

Diez días más tarde, Josep (que por entonces ha abandonado el Ateneo por otra institución más profesionalizada, el Barcelona Boxing Club) repite resultado ante Tomás Thomas en el Frontón Condal, en pelea a 6 asaltos.

Cuarto combate: Thomas-Ubach. Encarnizado y violento como todos aquellos en que Ubach toma parte. Sus durísimos ataques no consiguieron aturdir a Thomas un instante. El aturdido resultó el propio Ubach a partir del cuarto round, en que fue al clinch repetidas veces. En el quinto se afianzó el dominio de Thomas, cuyos repetidos ataques a la mandíbula hicieron agacharse a Ubach más de una vez. Match nulo.

Esa velada, el mítico campeón francés Georges Carpentier ofrece una exhibición en el ring.

Aún en abril (el 28), Ubach vuelve a repetir en el combate principal del Iris Park, forzando a Frank Puig al abandono en el tercer asalto de los diez acordados.

El boxeo se encuentra en pleno auge, y continuamente surgen empresarios dispuestos a participar en la fiesta. A principios de mayo se anuncia que, “para dar veladas los sábados, ha surgido una nueva empresa que se propone hacerlas en el Frontón Condal. Su primer acto, en relación con el deporte, ha sido asignar un sueldo fijo a los boxeadores Ubach, Miró, Goñi y Sáez, a cambio de que éstos no boxeen en soirées organizadas por cualquier otra empresa”. Breves aventuras, solo alcanza Ubach a participar en una de tales veladas, la que el sábado 14 de mayo le enfrenta contra Ángel Artero (buen boxeador que llegará a ser uno de los mejores entrenadores de este deporte en España). La fortuna no acompaña a Ubach en esta ocasión:

Artero venció Ubach por k. o. al octavo round, después de haberle martilleado a conciencia la mandíbula, empleando referentemente la derecha, en cross más duros que precisos. Ubach no atacó con la furia acostumbrada, no colocó un golpe que a Artero diera que sentir, fue inferior a sí mismo. Después se nos dijo que estaba convaleciendo de una enfermedad febril muy reciente; si es así no debió salir al ring de ninguna manera. Previmos lo sucedido en el séptimo asalto, en que cada golpe a la mandíbula le arrancaba un gesto de dolor, viéndosele muy claramente el descorazonamiento. Efectivamente, al octavo cayó de espaldas, de un swing izquierdo; cuando el árbitro contaba siete, empezó a levantarse penosamente; coincidió el ponerse en pie con la palabra “diez” ; hizo ademán de combatir; mas impidióselo el director de combate, levantando la mano de Artero. Ubach protestó, el público secundóle y hubo un escándalo mayúsculo. Realmente Ubach estaba en guardia antes de ser pronunciada la palabra “out” (fuera); pero iban transcurriendo los diez segundos reglamentarios.

Lo cierto es que José Ubach, que ha rozado el máximo puesto nacional en el enfrentamiento contra Sáez, nunca volverá a situarse entre las primeras figuras del boxeo, a pesar de que continuará peleando durante al menos un año más.

En el verano de aquel mismo año de 1921, las cosas parecen ir bien. Sube por dos veces al ring instalado en el Parque de la Ciudadela y obtiene dos victorias por puntos ante Ángel Munich (el martes 21 de junio) y Frank Puig (el viernes 1 de julio). Aunque se anuncia su revancha contra Pedro Sáez para finales de ese mes, una enfermedad le obliga a suspender el encuentro. Luego, el 2 de septiembre, Gastón C. Anderson le fuerza al abandono en la velada que los señores Paulí y Pons, del Sporting Boxing Club, organizan en el Teatro Español.

La relación con Anderson marcará los siguientes meses de la carrera de Ubach. Se anuncia la revancha para el 29 de noviembre, en una velada en el Iris Park en la que por primera vez en España se usarán vendajes duros. Pospuesto el combate al 1 de diciembre, Ubach vuelve a abandonar ante su rival, esta vez en el séptimo asalto.

No se prodigan los combates de Josep Ubach. En febrero, el padre de Anderson, un canadiense afincado en España que se dedica a promover encuentros y apadrinar boxeadores, organiza en Madrid una serie de veladas pugilísticas, para las que se lleva a varias figuras reconocidas de Barcelona entre las que figuran José Ubach, Fernando Urtasun, Americano, Cañizares, Sesma y otros. En el Palace de Madrid, el 16 de febrero, Gastón Anderson vuelve a obligar a Ubach al abandono en el quinto round.

La aventura madrileña es breve, y en abril se encuentra de vuelta en Barcelona, donde el promotor Juanito Elías lo enfrenta, el día 26, con Ricardo Alís, un muchacho de 16 años recién cumplidos que, llegado de Valencia, lleva una increíble serie de victorias en los pesos ligeros y está a punto de ingresar en los welters. Veterano, batallador, buen profesional pero asequible para el pujante joven, Ubach es recibido como la víctima propiciatoria para lanzar al estrellato a Ricardet.

Sin embargo, contra todas las expectativas, Josep Ubach libra un estupendo combate en el que domina hasta el séptimo round, siquiera de forma ligera. Alís, que en los tiempos por venir iba a convertirse en campeón de España de los welters (durante un año) y de los pesos medianos (durante cuatro), reaccionó sin embargo al final del combate y llegó a dominar en los últimos tres rounds, lo que le valió la victoria por puntos. El entusiasmo del público se desbordó en aplausos al terminar el combate.

En los meses siguientes, la actividad pugilística de Ubach se limita a una exhibición con ocasión de la inauguración de la sala de boxeo que dirige Frank Hoche en el Iris Boxing Club (el 12 de mayo) y a una victoria por puntos ante un desconocido Recasens en el Teatro Principal de Tarragona, cuatro días más tarde.

Fue aquella la última ocasión en que Josep Ubach se puso los guantes para enfrentarse a un rival, pero no su última participación en el boxeo. Experimentado, buen conocedor de este deporte, poco después aparece a cargo de la carrera de otros boxeadores, junto con managers de la talla de Rubio, Comas, Parent y Piera. Con este último aparece como miembro del Cataluña Athletic Club durante al menos 1925 y 1926, tiempo en el que apodera a púgiles como Mestres u organiza algunas veladas de aficionados en La Flora. No volvemos a tener noticia de Josep Ubach, pero su legado como buen boxeador y ejemplo de dureza y pundonor marcó sin duda a los jóvenes boxeadores que, como mi propio abuelo, comenzaban por entonces a abrirse camino entre las cuerdas del ring.

Jorge Salvany (boxeador entre 1921-1928)



Un sobrino-nieto de Jorge Salvany me pidió hace algunas semanas información 
sobre este duro boxeador de principios del siglo XX, con quien mi propio abuelo 
no solo compartió muchos rivales sino que, incluso, ambos llegaron a 
pelear en junio de 1926. Me alegra poder contribuir a la difusión de su figura, 
un bravo profesional muy apreciado por la afición a quien dedico estas líneas.

Las primeras noticias de Jorge Salvany como boxeador se remontan a julio de 1921, cuando participa en las veladas que el crítico Larruy, gran amante y promotor del boxeo, organiza en el Parque de la Ciudadela de Barcelona.

En aquellas fechas, el boxeo es un deporte aún incipiente en nuestro país, aunque ya comienza a contar con un buen número de seguidores. Recién importado de Gran Bretaña y Francia (comienza a practicarse en Barcelona a finales de la primera década del siglo XX), por la ciudad condal se ha diseminado ya un buen número de clubes en los que voluntariosos profesores (varios de ellos de los países vecinos) enseñan el pugilato a jóvenes no menos voluntariosos.

Uno de estos gimnasios es el Barcelona Boxing Club, en el que militará Jorge Salvany durante toda su carrera. Fundado en 1911, el BBC va trasladando su sede por las trastiendas de varios bares y en otros locales del centro de Barcelona hasta su ubicación más estable en la calle Conde de Asalto, 58.

Al BBC pronto pertenecerán también algunos de los primeros púgiles de renombre de Barcelona, que es tanto como decirlo de España: César Alaix, Barcino, Miró, Ángel Munich, los futuros campeones de España Joaquín Valls, Luis Vallespín y José Teixidó, Fernando Urtasun… Con todos ellos compartirá Salvany gimnasio y, con frecuencia, los carteles de las veladas.

Pero el boxeo español aún carece de un organismo regulador, y los excesos de algunos empresarios aprovechados amenazan con hacerle perder el crédito que va ganando. En 1921 se constituye en Barcelona la Federación Española de Deportes de Defensa, presidida por el crítico Ramón Larruy, quien lleva un tiempo organizando veladas de verano en el Parque de la Ciudadela con las que pretende popularizar el boxeo y dar su primera oportunidad a los boxeadores noveles.

Es así que las primeras dos apariciones de Salvany tienen lugar en 1921 en el contexto de estas veladas. Ronda por entonces los 54 kilos, en el límite entre los pesos gallos y pluma, aunque su desarrollo corporal hará que, como sucede con la mayoría de los boxeadores, vaya primero integrándose de forma plena en los pluma para luego, superados los 58 kilos, se incorpore a los pesos ligeros.

El saldo de los primeros combates no puede ser más alentador: el martes 19 de julio vence claramente por puntos en 4 asaltos de 3 minutos a Willy (del Sporting Boxing Club), y una semana más tarde hace lo propio con Plasin. Dos días después de esta última pelea, vuelve a subir al ring para enfrentarse, en el Iris Park, con Fabregat, del Sporting Boxing Club, a quien vence también por puntos.

El 9 de agosto, de nuevo en el Parque, hace nulo con el campeón de España del peso mosca, Luis Vallespín, aunque como señala La Vanguardia, “faltó el canto de un duro para que fuese una victoria de Salvany”.

No volvemos a ver a Salvany entre las cuerdas hasta el domingo 23 de octubre, en la velada que tiene lugar en un cine Doré que a pesar de lo atractivo del cartel (en el que participan nada menos que dos campeones extraoficiales de España, Blind y Pedro Sáez contra otros tantos franceses) registra una pobre entrada. En el segundo combate de la noche, a 6 asaltos, Salvany vence por puntos a Ibáñez en lo que Mundo Deportivo califica como una “monumental paliza”. Claro que también aclara que el tal Ibáñez, que en teoría debía haber sido un púgil de cierto prestigio del Sporting Boxing Club, había sido sustituido a última hora por otro boxeador de igual nombre y menos ciencia, ya que el primero se lo había pensado mejor “pensando que Salvany pega”.

La organización del Doré vuelve a contar con Salvany en dos ocasiones más durante el mes de noviembre. El viernes 4, se enfrenta en el tercer combate de la noche con Fabregat, en pelea de revancha. Ambos dan 54 kilos en la balanza, y el encuentro está pactado a 6 rounds de 2 minutos. De nuevo la victoria es para Salvany por puntos. El martes siguiente, día 8, de nuevo en 6 rounds de 2 minutos, bate por puntos a Martucci (55 kilos) en la segunda pelea de la velada.

Sin embargo, ya plenamente integrado en la categoría de los plumas, no puede evitar enlazar una serie de derrotas que amenazan seriamente su incipiente carrera. La primera tiene lugar el 22 de diciembre, en la gran velada que organiza el promotor Juanito Elías (figura que será legendaria en el boxeo catalán) en el que a su vez será el gran escenario del boxeo de la época, el teatro llamado Iris Park. Salvany hace frente, en el segundo combate de la noche y a 6 asaltos, a Vicente Chueca, durísimo pegador. Durante el primer round, Chueca domina con continuos ataques, colocando dos buenos crochets derechos al flanco. En el segundo asalto Salvany sale con más decisión pero no puede evitar que su rival le propine un fuerte cabezazo seguido de algunos crochets y swings que acaban por llevarle al abandono antes de que vuelva a sonar la campana.

La siguiente pelea de Jorge Salvany no tiene lugar hasta unos meses más tarde, cuando el jueves 16 de marzo de 1922 vuelve al ring del Iris Park para enfrentarse al francés Charles Raymond. Es el primer combate del púgil catalán a 10 asaltos de 2 minutos, en un local repleto de aficionados. Ambos púgiles libran una bonita pelea en la que el francés, con un historial largo y lleno de éxitos, demuestra su superioridad y fuerza a Salvany a permanecer en su rincón cuando la campana anuncia el comienzo del séptimo asalto.

Un mes más tarde, el miércoles 22 de abril, y de nuevo de la mano de Juanito Elías, sale a pelear en un Frontón Condal repleto hasta la bandera contra el excelente púgil Agustín Villar, en combate pactado a 10 asaltos de 2 minutos. Los dos primeros rounds son de dura batalla, pero en el tercero Villar coloca un fuerte crochet derecho en la mandíbula, seguido de un uppercut izquierdo que derriba a Salvany y le hace escuchar el cuenteo de diez desde la lona. Una gran ovación del público saluda a vencido y vencedor, en reconocimiento de su coraje.

A mediados de 1922 el boxeo se ha situado ya como uno de los grandes deportes de España. Las veladas abundan, el público llena los teatros y salas, se multiplican los clubes, y la Federación Española de Deportes de Defensa acaba por refundarse con el nombre de Federación Española de Boxeo, siempre bajo los auspicios de Ramón Larruy. El mismo Larruy vuelve a organizar las veladas de verano en el parque, y una vez más vuelve a contar con Jorge Salvany, siempre batallador y fiable. El jueves 10 de agosto le sitúa como cabeza de cartel, en combate a 4 asaltos de 3 minutos, frente a Small (esa noche también pelearán dos futuros campeones de España del peso ligero, Tomás Cola e Hilario Martínez). Small parece llevar cierta ventaja durante el primer round, pero Salvany pronto demuestra que se ha preparado de forma excelente y domina de forma clara a su rival hasta el fin del combate, llevándose una merecida victoria por puntos.

Una semana más tarde, el jueves 17 de agosto, Jorge Salvany vuelve al mismo escenario pero no pasa del nulo ante Barnils, del Sporting Boxing Club, en una pelea enmarrullada que no resulta del agrado del público.

Se encuentra en un momento crítico de su carrera, y no vuelve a subir a los rings hasta noviembre, con ocasión de una serie de veladas que el campeón de España de los pesos pesados, José Teixidó “Kamalof”, organiza en el Teatro Bosque. La prensa menciona sus enfrentamientos contra Cadieu (el 15 de noviembre) y Lack (el 6 de diciembre), así como la excelente preparación de Salvany, pero por cosas de las crónicas no se llega a citar el resultado de estos combates.

Sí sabemos el del que le enfrenta, el viernes 26 de enero de 1923, contra el duro pegador José Masferrer, en la velada que Juanito Elías organiza en el Iris Park. Es la tercera pelea de la noche, pactada a 6 asaltos de 2 minutos, y supone la primera noticia sobre la entrada de Salvany en la categoría de los pesos ligeros. Tras la campana inicial, pronto demuestra Salvany su clara superioridad a base de continuos ataques en los que, sin arriesgar, asaetea a su rival hasta llevarse la decisión de los jueces por puntos.

No parece sin embargo que la victoria anime a Salvany a prodigarse sobre los rings. No es hasta el jueves 24 de mayo cuando vuelve ante el público, y tan solo con ocasión de una velada de combates de entrenamiento que organiza el Barcelona Boxing Club en su sede. En esta ocasión se enfrenta a Van Neck, del club Carpentier, en 4 asaltos de 2 minutos sin que se emita veredicto de resultado.

De nuevo un largo periodo de entrenamientos hasta el que el martes 11 de diciembre Jorge Salvany sube al ring del teatro Cómico para enfrentarse a Sergio Anderson, un buen púgil canadiense afincado en España, en el combate principal de la noche pactado a 6 asaltos de 3 minutos. Batallador, bien preparado, Salvany ofrece un excelente espectáculo y vence por puntos a su rival.

Llegados ya a 1924, su primera aparición en un cuadrilátero es el sábado 22 de marzo, en una exhibición que realiza ante el campeón de España, Teodoro Murall, en una velada de aficionados que organiza el Centro Autonomista Verdaguer en su sede de la calle Aragón. Unos días más tarde, el 3 de abril, la misma entidad organiza otra velada en la que se enfrenta al futuro campeón de España del peso ligero, Tomás Cola, en la pelea estelar de la noche a 4 asaltos. El combate es “a la americana”, es decir, sin decisión de los jueces y con victoria únicamente por abandono o ko, y como ninguna de estas circunstancias llega a producirse, concluye con el veredicto de “sin decisión”. Aún tenemos noticia de otra velada que se organiza en Sabadell el 5 de mayo, en la que se enfrenta a Salvany con Giménez, pero desconocemos si llega a celebrarse y, en su caso, el resultado.

Casi un año más tarde, el martes 17 de marzo de 1925, se celebran en el Iris Park varios combates premilinares dentro del campeonato de Cataluña para aficionados. Entre las peleas profesionales que completan la velada se incluye la de Salvany contra Carlos Flix, en la que éste vence por puntos. No es una derrota de las que pesan: unos años más tarde Flix, excelente púgil, se convertirá en campeón de España del peso gallo (título que ostentará durante 5 años) y, poco después, en campeón de Europa de la categoría.

El miércoles 25 de noviembre de 1925, en la gran sala Olympia de Barcelona, se enfrenta al joven Valdero en el sexto combate de la noche. La pelea comienza de forma entretenida, con un Salvany que demuestra combatividad y saber hacer, pero la falta de entrenamiento pronto pasa factura a ambos púgiles hasta que en el quinto asalto el árbitro, que era el legendario Casanovas, decreta la derrota de Valdero por clara superioridad de su rival.

Durante 1926 continúa con su tónica de combates espaciados. El martes 8 de junio, en la inauguración de la temporada de verano del Mundial Sport de Barcelona, se ve obligado a abandonar en el tercer asalto de un combate pactado a ocho, ante Ángel Tejeiro, que debuta en los pesos ligeros y poco después se convertirá en campeón de Cataluña de la categoría.

Ese mismo año, Salvany se enfrenta en dos o tres ocasiones con Nadal en veladas se segundo orden que tienen lugar en Igualada y Granollers; de ellas solo conocemos un resultado de victoria de Salvany por descalificación de su rival en el segundo asalto a causa de un golpe bajo.

Finalmente, hay que citar dos matinales que tienen lugar en junio de 1926 en el parque de la Ciudadela con ocasión de la I Feria del Automóvil Usado de Barcelona. En ambas ocasiones es opuesto a Bru, miembro del equipo de boxeo en las olimpiadas de 1924, aunque se trata de combates sin decisión en los que ambos púgiles ofrecen las mejores exhibiciones de la jornada.

La práctica de espaciar notoriamente los combates pronto se revelará como un error, pues cuando decida hacerse valer de verdad sobre los rings, la crítica será unánime en los elogios a su dureza y combatividad, y no faltarán los comentarios sobre lo que pudiera haber sido su carrera de haber estado mejor encauzada. La primera demostración la realiza el martes 15 de febrero de 1927, en una larga velada que se celebra en la Casa del Pueblo. Ofrece una magnífica exhibición de fuerza y precisión ante Tormo, compañero del BCC, a quien lleva al abandono en el segundo asalto.

El 10 de marzo, en el transcurso de una velada a la americana que tiene lugar el Iris Park, obtiene una neta victoria por puntos sobre José Masferrer. Es una pelea emocionante en la que ambos boxeadores se golpean terriblemente el estómago en los infights, pero en la que Salvany aprovecha las salidas para aplicar ambas manos al rostro de su rival.

El día 31 de ese mes, obtiene una nueva victoria en el Iris Park, por puntos sobre Sabaté, duro boxeador que viene de derribar al campeón de España. Sabaté se muestra más hábil en la distancia mientras que Salvany se impone en el castigo al cuerpo, alcanzándose la campana final con ligera diferencia de puntos.

El 24 de abril, vence claramente a los puntos a Gómez, un duro golpeador, en combate a 4 asaltos a la americana celebrado en el Mundial Sport. El día 22 del mes siguiente, en el mismo escenario, fuerza al abandono en el segundo round a Stevenson tras mandarlo a la lona en dos ocasiones. Los periodistas destacan el ascenso de Salvany y reclaman que se le enfrente con primeras figuras para que pueda alcanzar los primeros puestos de la categoría de los pesos ligeros, en la que sigue militando.

Sin embargo, sus siguientes enfrentamientos vuelven a frenar sus aspiraciones. El jueves 15 de septiembre, en una sala Olympia repleta para ver el combate de Víctor Ferrand por el título europeo de los pesos mosca, el joven Arpal, un valor en alza, lanza a la lona en dos ocasiones a Salvany. Aunque éste se repone y llega incluso a poner en riesgo a su rival, la victoria por puntos corresponde a Arpal. Muy similar resulta el transcurso del combate que, el miércoles 5 de octubre, lo enfrenta en el Nuevo Mundo con Torelló, en el combate estelar de la velada a 8 asaltos. En el segundo round, es derribado de un fuerte crochet a la mandíbula; consigue incorporarse y se recupera con valentía hasta la campana final, pero es superado a los puntos.

Siete años de carrera pugilística, en la época de que hablamos, es mucho tiempo para la mayoría de los boxeadores, y aunque Salvany mantiene el pundonor y la profesionalidad hasta el final, no puede evitar que, a medida que avanzan los asaltos de los combates siguientes, la veteranía le pese en las piernas y en los guantes. El domingo 20 de mayo de 1928, en el Mundial Sport, comienza de forma fulgurante ante Oller, a quien llega a derribar en dos ocasiones. Sin embargo, en la segunda mitad de la pelea su rival comienza a hacerse con el dominio de la situación hasta casi igualar la contienda, correspondiendo la victoria final a Salvany por escaso margen. Otro tanto sucede el miércoles 13 de junio en el Nuevo Mundo, ante Juvé, un buen peleador algo bajo de peso. Su apabullante dominio inicial va diluyéndose con el transcurrir de los minutos hasta llegar con una ligera ventaja a la campana que marca la conclusión del sexto y último asalto.

Tal vez estas apuradas victorias pesaron en el ánimo del bravo Jorge Salvany, pero el caso es que desde esta última velada no volvemos a tener noticias suyas como boxeador en activo. Varios años más tarde, en octubre de 1935, volverá a cruzar las cuerdas del ring del Price para enfrentarse con Casimiro Zaragoza, ex campeón de Cataluña. Claro que se trata de una velada benéfica en la que participa un nutrido grupo de ex boxeadores que llegaron a ser primeras figuras de este deporte o que gozaron, en general, del aplauso y el respeto de los aficionados. La prensa no informa del resultado de este último combate/exhibición, pero seguramente eso es lo de menos.

El resumen de sus resultados (32 combates) queda pues de la siguiente manera:

15 victorias: 14 victorias por puntos (Willy, Plasin, Fabregat en 2 ocasiones, Ibáñez, Martucci, Small, Masferrer en 2 ocasiones, Sergio Anderson, Sabaté, Gómez, Oller, Juvé) + 1 victoria por descalificación (Nadal)

2 nulos (Luis Vallespín, Barnils)

7 derrotas: 3 derrotas por puntos (Carlos Flix, Arpal, Torelló) + 3 derrota por abandono (Ángel Tejeiro, Chueca, Charles Raymond) + 1 derrota por KO (Agustín Villar)

4 sin decisión (Van Neck, Tomás Cola, Brú en 2 ocasiones)

4 desconocidas (Cadieu, Lack, Giménez, Nadal)